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Tras los primeros 100 días del gobierno de Piñera, y después de su primera cuenta pública, es posible identificar algunas directrices de lo que será su mandato en los próximos cuatro años. En primer lugar, Sebastián Piñera ha mostrado distancia con las visiones más dogmáticas de la derecha, proponiendo cambios graduales y reformas en vez de transformaciones estructurales, y en segundo lugar se observa un claro posicionamiento en el centro político así como un grado importante de independencia respecto a los partidos políticos que lo apoyan.
El arribo de Piñera al poder generó una serie de incertidumbres respecto a cuál sería la orientación política que adoptaría su gobierno. Entre los temores existentes, estaba la posibilidad de que un gobierno de derecha implicara una transformación estructural orientada a disminuir la intervención del Estado en la actividad productiva y económica, a aumentar la participación privada en la economía y a reducir la burocracia estatal, entre otras cosas. Se planteó incluso, que este cambio de orientación se traduciría en el fin de las políticas de protección social implementadas por los gobiernos anteriores.
Sin embargo, hasta el momento este temor parece injustificado. Tanto en el programa de gobierno como en los anuncios del 21 de Mayo se puede identificar cierta continuidad con los gobiernos anteriores en los ejes centrales básicos, y las diferencias parecen estar más bien en el estilo de conducción y en el énfasis que se le otorga a ciertas políticas. Por ejemplo, si Bachelet planteaba en sus discursos la necesidad de ampliar los derechos sociales y la red de protección social, Piñera enfatiza en la necesidad de crear empleo y aumentar las “oportunidades”. Un ejemplo es el anuncio de un ingreso ético familiar de $ 250.000 para una familia de cinco miembros. Si bien esta política parece propia de un modelo de protección estatal, ésta va acompañada con un bono para capacitación y un subsidio al trabajo entre otras medidas tendientes a empoderar a las personas en la solución de sus problemas. Es decir, Piñera muestra un cambio en el sello de las políticas públicas, pero manteniendo una continuidad en el modelo de desarrollo.
Otra incertidumbre que había frente al nuevo gobierno de derecha, eran los posibles vínculos de Piñera con sectores más duros de la derecha ligados al pinochetismo y una posible cercanía ideológica con los sectores más conservadores de la UDI. Este temor se fue rápidamente difuminando con la conformación del primer gabinete, compuesto esencialmente por técnicos y que excluía a personajes asociados simbólicamente a la dictadura. La conformación de este gabinete técnico – gerencial también fue una fuerte señal respecto al grado de independencia que el gobierno trata imponer frente los partidos de gobierno. Además, de forma sorpresiva, dentro del paquete de políticas anunciadas el 21 de Mayo se incluyó una serie de reformas tendientes a la profundización democrática, algunas de las cuales fueron propuestas emblemáticas de los gobiernos de la Concertación, como por ejemplo el derecho a voto de los chilenos que viven en el exterior. Con esto el gobierno mostró una cercanía al centro político distanciándose de posiciones más extremas de la derecha.
La estrategia de mantener los fundamentos político-económicos de la Concertación y posicionarse al centro político, supone una serie de ventajas y riesgos para este gobierno. Una ventaja importante es que ofrece la posibilidad de conseguir apoyos transversales en determinadas políticas y proyectos, así como generar divisiones en la oposición. Sin embargo esta estrategia supone también un riego importante como es la posible erosión de los apoyos dentro de los partidos políticos de gobierno. Es probable que muchos sectores de la UDI y RN no se conformen con el pragmatismo del actual gobierno, y apuesten a transformaciones más profundas. Dependerá por lo tanto, de la capacidad del gobierno de coordinarse con partidos oficialistas de tal modo que no terminen llevando agendas políticas distintas que impidan sacar adelante los proyectos propuestos.
En síntesis, Piñera tiene la posibilidad de llevar a cabo un gobierno democrático de derecha que logre distanciar definitivamente a este sector de visiones políticas autoritarias y económicas dogmáticas de modo de terminar con los prejuicios y temores respecto a este conglomerado, tal como lo logró Ricardo Lagos con el socialismo. Sin embargo es esperable que este periodo esté marcado por conflictos con los partidos de gobierno, y el éxito del mandato dependerá de la capacidad de llegar a acuerdos tanto con el oficialismo como con la oposición.
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Comentarios
Te aplaudo, sigue asì!!
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