Dinero y Política, Una Tensa Relación

Por: Giorgio Martelli.
Experto financiero electoral

Hace un año edité un libro con el mismo título de esta columna de opinión: se refería a la compleja relación del dinero con la política desde el punto de vista del financiamiento electoral, de partidos políticos y de centros de pensamiento. Sin embargo, hay otra relación compleja dinero/política entre los cargos públicos y la empresa privada, donde hoy destacan los casos de Lan Chile y Chilevisión. 

Mi impresión es que estos casos son ejemplos noticiosos de una nueva relación mucho más profunda y desconocida hasta ahora: en efecto, el gobierno de Piñera claramente es un gobierno de empresarios, donde los intereses de este sector y la política están íntimamente ligados con consecuencias insospechadas e inéditas en nuestra historia política democrática.

Al contrario del pensamiento instalado en la Concertación, no tengo prejuicios contra los empresarios y tampoco de la relación de éstos con el mundo político. La vida política nacional muestra que en los hechos la relación del poder económico con el poder político siempre ha sido estrecha e intensa, aunque siempre subterránea y muchas veces incesta. Desde cierto punto de vista lo que ocurre hoy podría ser positivo, toda vez que se transparenta esta mutua dependencia y a partir de ello se puede fiscalizar mejor, legislar y limitar los efectos negativos. De hecho lo que ocurre en el debate actual es positivo: una oposición vigilante, un gobierno alerta y una ciudadanía expectante.

La irrupción del mundo empresarial en la conformación del nuevo gobierno de Piñera y la lentitud de éste por deshacerse de sus empresas es de un descaro sorprendente: más que un relajo post-terremoto, como argumentan muchos, mi impresión que detrás de esto hay una conducta explícita y ofensiva. Se instala una nueva relación poder político-poder económico que es vista con buenos ojos por el nuevo gobierno y que veremos cómo será defendida y mantenida, dentro de los posible…

Mientras para la Concertación éste será un tema donde darle duro al gobierno, La Moneda se defenderá señalando que se trata de un disputa de la elites. Ese es el debate contingente, pero en el proceso de largo plazo aquí existe un cierto modelo que se intentará instalar y que su desarrollo dependerá de un factor esencial: del éxito del gobierno de Piñera.

Tiene razón Hinzpeter en señalar que se trata de un debate de las elites: en parte es cierto, en parte es una estrategia comunicacional. Lograr que la empresarialización del nuevo gobierno sea un factor de descontento ciudadano no dependerá tanto de la denuncia política de la oposición, sino del éxito del gobierno. Como lúcida y anticipadamente señaló Fontaine, si a Piñera le va bien, el debate de una escandalosa relación del poder económico con el poder político seguirá siendo un tema de las elites desde sus cómodas oficinas. Si en cambio la nueva forma de gobernar no es más que una cáscara comunicacional y seguimos con los graves problemas de gestión de los últimos años de la Concertación, entonces la principal causa del fracaso estará en el gobierno de los empresarios.

Y en este último caso, más allá de si esto conviene al gobierno o a la oposición, será el país el dañado, particularmente los empresarios. Así también, habremos fracasado nuevamente en encontrar una nueva forma de gobernar que supere las deficiencias del pasado, nos ayude a enfrentar el desastre del terremoto y nos encamine a ser un país desarrollado.


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